Entrevista a Lola Barrera, de Debajo del Sombrero
Hablamos con una de las fundadoras de Debajo del Sombrero, una plataforma artística que acompaña a personas con discapacidad intelectual en el desarrollo de su práctica artística.
Debajo del Sombrero nació de lo que Lola Barrera define como un “golpe de corazón” ante el art brut y el arte outsider. Así describe su enamoramiento por el arte realizado por personas con discapacidad intelectual. Médica de familia de formación, ejerció durante diez años en el País Vasco, se tomó una excedencia para dedicarse a la pintura y, desde hace casi dos décadas, centra su trabajo en este proyecto. Todo comenzó tras leer un artículo sobre la artista Judith Scott en una revista de la Fundación Síndrome de Down. “Esto tiene que pasar aquí”, pensó. En 2007, junto a Ester Ortega, Amanda Robles, José Antonio Sacaluga, Isabel Altable y Luis Sáez, todos con experiencia en los ámbitos del arte y la discapacidad intelectual, fundó la Asociación Debajo del Sombrero. La chispa definitiva fue una película que Lola rodó junto a Iñaki Peñafiel, una experiencia que marcaría el rumbo del proyecto. Debajo del Sombrero cumple 18 años consolidado como uno de los proyectos más singulares del panorama artístico y cultural español. Hablamos con ella para recorrer su origen, filosofía y presente.
Lleváis ya 18 años de trayectoria. Para quienes no os conocen, ¿qué es Debajo del Sombrero?
Es una plataforma artística que acompaña a personas con discapacidad intelectual en el desarrollo de su práctica artística a lo largo de toda su vida. No se trata de talleres puntuales ni de actividades lúdicas, sino de un trabajo profundo y sostenido, centrado en el desarrollo de lenguajes artísticos propios y en la consideración de estas personas como artistas contemporáneos.
El proyecto se basa en la escucha, la atención y el respeto absoluto a los procesos individuales. También en dar salida pública a las obras: exposiciones, residencias, archivo, difusión y cuidado de la producción artística.
El origen del proyecto es diverso, porque cada una de las personas fundadoras llegamos desde experiencias distintas. En mi caso, el punto de partida fue una película que dirigí y rodé en 2004, estrenada en 2006. Trataba sobre una artista americana con discapacidad intelectual y, a través de ella, conocí otros centros y artistas. Fue mi primer contacto con este tipo de lenguaje artístico y supuso un enamoramiento total.
El nombre del proyecto es muy significativo. ¿De dónde surge?
Viene directamente de esa película, que se titulaba ¿Qué tienes debajo del sombrero?. La protagonista llevaba siempre sombreros y tocados cada vez más grandes. En un momento dado, alguien le pregunta qué hay debajo del sombrero. Esa pregunta es muy bonita porque habla de mirar más allá de lo visible, de no quedarnos en la superficie. Tomamos ese título y lo transformamos en Debajo del Sombrero, porque resume muy bien nuestra manera de mirar.
¿Quiénes formáis parte del equipo fundador?
Luis Sáez, Isabel Altable, Ester Ortega, Amanda Robles y José Antonio Sacaluga. Todos venimos del mundo del arte; algunos tenían experiencia en centros de autismo o trabajando con personas con discapacidad intelectual, otros no. En mi caso, la experiencia clave fue la película, que me abrió completamente la mirada.
¿Cómo fueron los inicios?
Tras el estreno de la película en 2006 tuvo bastante repercusión: festivales, televisión, reportajes. Yo sentía que algo así tenía que existir aquí, aunque no sabía muy bien cómo hacerlo. A partir de un artículo sobre la película conecté con personas que trabajaban con personas con discapacidad intelectual y compartían la inquietud de salir del enfoque asistencial.
Esto se unió a otras personas que ya estaban trabajando en el cruce entre arte y discapacidad. Entre los fundadores está, por ejemplo, Luis Sáez, director artístico del proyecto, junto a profesionales vinculados a centros de autismo y discapacidad intelectual. Todos compartíamos el deseo de generar un espacio verdaderamente artístico.
¿Cuál fue el siguiente paso de esta plataforma artística?
El germen del proyecto surge tras el estreno de la película. A raíz de un reportaje en televisión, me planteé que en España debía existir algo parecido a los estudios de arte asistido que había conocido fuera. El proyecto comenzó en Matadero Madrid, con un grupo inicial de 17 personas con perfiles muy complejos.
¿Cuál era la filosofía de trabajo desde el inicio?
La base siempre ha sido la atención y el acompañamiento. Estar atentos a lo que sucede, a lo que cada persona hace y acompañar ese proceso sin imponer nada, sin intervenir de manera invasiva ni superponer lo que uno ya sabe o cree que debería pasar. El tiempo es fundamental: cada persona necesita su propio ritmo para que su lenguaje pueda aparecer.
Al año siguiente comenzamos a colaborar con la Facultad de Bellas Artes gracias a un proyecto de investigación liderado por José Luis Gutiérrez. Desde entonces trabajamos en tres espacios principales: Matadero Madrid, la Casa Encendida y la Facultad de Bellas Artes. Cada uno cumple una función distinta dentro del proceso.
¿Les ayudáis a realizar una formación más académica adaptada a sus particularidades?
Sí, pero siempre partiendo de lo que trae cada persona. No imponemos una formación académica tradicional, sino que buscamos recursos que se adapten a cada proceso. Por ejemplo, trabajamos en colaboración con la Facultad de Bellas Artes gracias a un proyecto de investigación llamado Arte al servicio a la sociedad –vinculado ahora directamente con el decanato de la Facultad–, lo que permite que los artistas tengan acceso a espacios como talleres de escultura.
La clave es el acompañamiento: estar atentos, no intervenir en exceso, no superponer nuestros conocimientos y permitir que el lenguaje aparezca de forma lenta y auténtica.
¿Trabajáis solo con artistas de Madrid?
Los espacios de trabajo están en Madrid, pero el proyecto tiene una dimensión internacional. Hemos trabajado con estudios europeos y desarrollado residencias artísticas. Durante varios años impulsamos un proyecto llamado El territorio del artista, en el que artistas convivían durante unos días en otros contextos, siempre en diálogo con otros artistas.
¿Con cuántos artistas estáis trabajando ahora mismo y cuál es su perfil?
Actualmente trabajamos de manera directa con 38 artistas, un grupo necesariamente reducido, ya que el acompañamiento es intensivo y no puede crecer indefinidamente. Son residentes en Madrid, aunque su proyección es nacional e internacional. Algunos han expuesto en ciudades como Berlín, París o Londres y participan en festivales y proyectos internacionales. Se trata de artistas con discapacidad intelectual que desarrollan una práctica contemporánea sólida y personal.
¿Cómo realizáis la selección de artistas?
La puerta de entrada principal es el taller de La Casa Encendida, donde participan entre 15 y 16 personas. Cada año, en el mes de mayo, se realiza una selección. El criterio no es técnico ni académico, sino profundamente humano: se valora el interés, la constancia, la aparición de un germen de lenguaje propio y la posibilidad de desarrollo a largo plazo. Tras uno, dos o tres años, algunas personas pasan al estudio. Una vez dentro, la permanencia es indefinida: pasa a ser su estudio de artista.
¿En qué se diferencia vuestro trabajo de una actividad artística puntual o lúdica?
La diferencia es fundamental. Muchas propuestas para personas con discapacidad intelectual se basan en actividades ocupacionales o de entretenimiento. Nosotros creemos que la verdadera inclusión cultural pasa por tomarse muy en serio lo que estas personas tienen que decir. No se trata de una actividad puntual, sino de acompañar una práctica artística a lo largo de toda la vida del creador.
¿Qué implica ese acompañamiento a largo plazo?
Implica estar ahí siempre: acompañar los procesos, cuidar la obra, archivarla, difundirla, exponerla y, cuando corresponde, venderla. Un artista con discapacidad intelectual no puede sostener todo eso por sí solo. Necesita un estudio que lo respalde. Esa es nuestra función.
Habéis abierto recientemente un espacio expositivo propio. ¿Qué supone este paso?
Es un paso muy importante. El espacio está cerca de Matadero Madrid, en la calle Alonso Carbonell, y combina exposición, archivo y almacén de obra. No queremos que sea solo la galería del estudio, sino un lugar atento a lo que está ocurriendo en otros estudios de arte asistido en el mundo. Un espacio así no existe ahora mismo en España.
Háblanos del proyecto de Andrés Fernández inaugurado el 23 de enero en La Casa Encendida, ¿por qué destaca?
Se trata de una pieza de realidad virtual hecha site specific por el artista que estará expuesta durante un año. Lo destacable es que es uno de los artistas del estudio con mayor proyección internacional. Ha expuesto en Bienales como la de Berlín y su trabajo tiene una potencia enorme. Demuestra que estos artistas no están al margen del arte contemporáneo, sino plenamente dentro de él.
¿En qué proyectos estáis trabajando para el año que viene?
Estamos desarrollando varios proyectos importantes. Entre ellos, una residencia artística centrada en torno a la idea de hogar que se realizará en la galería por parte del artista palestino Basel Zaraa, afincado en Londres, que trabaja sobre la idea de exilio. También colaboraremos con la Embajada de España en Copenhague, viajando con dos artistas, entre ellos Andrés Fernández y Belén Sánchez que harán dos intervenciones en el espacio.
Además, en nuestro nuevo espacio expositivo estamos programando exposiciones propias y proyectos contemporáneos vinculados a estudios de arte asistido de otros países.
Después de casi 20 años, ¿qué sueño te queda por cumplir con Debajo del Sombrero?
Que permanezca en el tiempo. Que se mantenga como un estudio sólido y estable, capaz de sostener a los artistas a largo plazo. Que perdure como un lugar donde puedan estar, trabajar y desarrollar su práctica con continuidad.
Y a nivel personal, ¿qué te ha aportado este proyecto después de tantos años?
Nos ha dado muchísimo y nos sigue sorprendiendo. Hemos recibido una potencia enorme, una verdad y una profundidad asombrosas. Son artistas enigmáticos y profundamente auténticos. Más que ofrecer, hemos aprendido a recibir con atención y respeto todo lo que tienen que decir.
Redacción: Beatriz Fabián
Beatriz es periodista especializada en contenidos editoriales offline y online sobre diseño, arquitectura, interiorismo, arte, gastronomía y estilo de vida.